Cuando a Úrsula le gustaba un chico, investigarlo era su pasatiempo favorito. Analizar la mezcla de colores de sus ojos, el grosor de sus labios, que olor tendría su pelo. Si sus mejillas harían margaritas al reír, si voz le daría escalofrío al escucharla.
Encontrar respuesta a estas preguntas, suponía todo un desafío. Su timidez no la dejaba acercarse y comprobarlo. debía adquirir ese conocimiento, de manera clandestina.
Le tocaba entonces espiarlos a distancia, recopilando datos y escribiéndolos en una libreta dedicada exclusivamente a estas aventuras.
"Joaquín, no le gusta los tomates, alérgico a los gatos, hace un ruido como de cerdo cuando ríe y me encanta"
Además de anotar exhaustivos perfiles descriptivos de sus amores platónicos, Úrsula a la edad de 11 años ya amontonaba además, un centenar de cartas declaratorias sin enviar y también dibujos donde ella y sus pretendidos aparecían entre corazones mal pintados y donde sus manos sobredimensionadas se entrecruzaban, bajo cielos calipsos y caminando por sobre prados púrpuras.
Encontrar respuesta a estas preguntas, suponía todo un desafío. Su timidez no la dejaba acercarse y comprobarlo. debía adquirir ese conocimiento, de manera clandestina.
Le tocaba entonces espiarlos a distancia, recopilando datos y escribiéndolos en una libreta dedicada exclusivamente a estas aventuras.
"Joaquín, no le gusta los tomates, alérgico a los gatos, hace un ruido como de cerdo cuando ríe y me encanta"
Además de anotar exhaustivos perfiles descriptivos de sus amores platónicos, Úrsula a la edad de 11 años ya amontonaba además, un centenar de cartas declaratorias sin enviar y también dibujos donde ella y sus pretendidos aparecían entre corazones mal pintados y donde sus manos sobredimensionadas se entrecruzaban, bajo cielos calipsos y caminando por sobre prados púrpuras.
Úrsula era como un francotirador. Elegía su objetivo, media la distancia , el viento, su inercia y su moviemiento, apuntaba contenía el aire y Bam!. No cesaba en sus intentos hasta que lograba alguna pista. Ya fuera de noche escondida bajo la ventana donde dormía su anhelado misterio, o a plena luz del día escondida en los arbustos tras la parada del bus.
No obstante a veces pequeñas y externas modificaciones en la estrategia de Úrsula podrían poner en riesgo la operación o incluso su salud.
Quién pondría cuidado en unos centímetros menos que faltaban en la baranda que conducía junto a la ventana de Felipe.
Ni siquiera Úrsula, debido a toda la adrenalina del momento, repararía en ello, sino hasta que todo se fuera a negro.
Quién pondría cuidado en unos centímetros menos que faltaban en la baranda que conducía junto a la ventana de Felipe.
Ni siquiera Úrsula, debido a toda la adrenalina del momento, repararía en ello, sino hasta que todo se fuera a negro.
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